14/8/15

El epicentro de todo.

A propósito del blog de mi amiga Luizandra Mendoza, en su en su entrada Hábitos que valen la pena. me hizo recordar sobre esos hábitos en casa que valen la pena fomentar.  Luizandra comentaba elocuentemente que se sentía muy agradecida de que su padre les daba clases de historia y geografía en el carro (coche) durante el viaje de vacaciones, clases a la que mi amiga ponía mucho interés como buena niña que era, Jajaja. Hoy día ella reza para que sus hijas le presten atención al menos ese 10% que ella decía prestaba su papá, la verdad que lo veo difícil con tanto entretenimiento tecnológico.

Entre los hábitos que valen la pena fomentar y me parece que actualmente están en desuso en algunos hogares, es el de sentarse a platicar en el salón, la imagen es la siguiente; Papá y Mamá e hijos entados indistintamente en sillas y sofás, normalmente después de una comida, todos recostados del espaldar pero no dormirnos, allí se habla de todo, de historia, arte, política, pasado, presente y futuro, de religión, de ocio, etc.,  me acuerdo cuando se hablaba de educación, sobre los comportamientos propios y ajenos, y sin saber nos hacían tener una auto crítica, un discernimiento sobre lo que era impropio o no, ¿Qué estuvo bien y que estuvo mal?,  era todo un proceso educativo de valores encubierto por ese par de maestros por vocación como lo son mis padres. Para ser honestos no que no era nada normal, parecíamos más bien una familia Inglesa a la hora del té que una Venezolana.

La familia son “aquellas personas que no escogemos pero que Dios pone en nuestro camino desde el momento en el que nacemos”, y cito al blog de Tamara Falcó - Familia yo hoy no sólo doy gracias la familia por la que tengo desde antes de nacer, por supuesto, ¡La mejor del mundo!, sino por la que un día decidí tener, ¡Sí! la de mi esposa y desde que nos casamos es la mía también. Los Carreño´s Roa, tienen algo que me cautivó desde que les conocí y que se asemejaba a lo que estaba acostumbrado. ¡La unidad!, se divierten, celebran, se reúnen, viajan, todo lo hacen juntos. Tengo claro como Tamara Falcó que en cada familia “No somos ni mejores ni peores pero nos ayudamos siempre. No nos juzgamos, nos perdonamos y nos queremos.” y de eso no se dice más, estos valores son nuestro baluarte, (entiéndase como amparo y defensa de algo o alguien) y eso es pase lo que pase.

También doy gracias por la familia que no elegí yo, sino la que eligieron mis hermanos, sus familias también son la mía, me siento orgulloso de ellos y su elección, y gracias Señor te doy por todos los que me quieren como si yo fuese su familia, son tantas personas que me sonrojo en pensar tanto amor gratuito e inmerecido.

Hoy empiezo a leer un regalo de cumpleaños: El Valor Humilde del Perdón, del Papa Francisco. Espero me sea de provecho humano y espiritual para vivir en plenitud los valores de la Familia. Para mi la familia es lugar real desde el que parte y se origina algo y que tiende a propagarse, sí el Epicentro de todo. 

Justo hoy celebro desde la distancia los 33 años de sacerdocio de un gran amigo, confesor y  confidente quien me presentó a Jesucristo, Mons. Roberto Sipols, y también celebro la memoria de un clérigo franciscano convenual polaco, San Maximiliano Kolbe, su historia viene como anillo al dedo para la lectura de este post, te la comparto.

    San Maximiliano María Kolbe. 

Es este uno de los mártires modernos. Murió en la Segunda Guerra Mundial. Había sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz. 

Un día se fugó un preso. La ley de los alemanes era que por cada preso que se fugara del campo de concentración, tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo 1-2-3-4...9...10 y al que le iba correspondiendo el número 10 era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse un 10, el hombre a quien le correspondió ese número dio un grito y exclamó: "Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?".

En ese momento el padre Kolbe dice al oficial: "Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre".

El oficial le responde: ¿Y por qué?

- Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero y solo, y nadie me necesita.

El oficial duda un momento y enseguida responde: Aceptado.

Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan.

Fue el 14 de agosto de 1941.



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