10/3/16

Dr. Wayne Dyer existe la omisión.


Cuando tenía 16 años mi madre puso en mis manos el mítico libro de auto ayuda “Tus zonas erróneas” del Dr. Wayne Dyer, no me acordaba mucho del contenido del libro, salvo a lo relacionado a cómo afrontar las emociones inútiles y sobre la ruptura del pasado, pero Mayra empezó  a leerlo hace un mes y me comentaba algo que desde luego no me acordaba que decía el libro, sobre los famosos convencionalismos del “debes hacer esto o aquello” porque es la norma, porque así se ha hecho siempre, o porque simplemente queda bien, parte de su tesis dice que en el fondo tienes que hacer lo que a ti te haga feliz y no lo que te sientas comprometido a hacer.

Comentábamos Mayra y yo sobre este último punto en concreto, le decía que los convencionalismos siempre estarán allí, porque son un conjunto de comportamientos admitidos por conveniencia social, por tradición, costumbre, etc., y que no está mal quedar bien, total, a todos nos gusta siempre quedar bien y muchas veces actuamos en consecuencia cuando devolvemos una llamada, una invitación, tenemos un gesto o damos un regalo, o simplemente con asistir a una reunión a la cual no nos apetece, para mí la vía errónea es intentar quedar bien con todo el mundo o pasar de todo convencionalismo rayando en lo mal educado. Creo que el equilibrio entre uno y otro extremo era posible.

Justo a la semana siguiente de haber conversado con Mayra este tema, sucede algo que me hizo repensar mi posición respecto a los convencionalismos.

Les cuento…

A los dos meses de haber llegado a vivir a Madrid, me topé con un amigo que era más cercano a mis tíos y mi hermano por edad, di con él en plena línea 1 del metro, pensaba que sería muy difícil dar con alguien conocido en la calle en otro país, sin embargo, vi bajar del vagón del tren a “sutano” que iba con su esposa y su hija, yo me bajé en el último segundo para saludarle y experimenté lo que es saludar y abrazar a alguien conocido en medio de una capital donde no conoces a nadie, estuvimos hablando unos minutos y luego compartimos números de teléfono, ese año quedamos para encontramos un par de veces en el museo del jamón, un lugar típico que todo el mundo conoce bien en Madrid, el segundo año quedamos y le conté que viajaría a Venezuela para casarme, ¡Jamón y vino de por medio!, unos años después “sutano” vino a una misa que le invité por SMS en honor de la Virgen de Coromoto, allí le presenté a Mayra y recuerdo haberle regalado un escapulario de Santa Teresita del Niño Jesús, quedamos en vernos nuevamente después de actualizar nuestros teléfonos y añadirnos en facebook, pero yo no lo busqué más, no lo hice.

Pasaron algunos años más y la verdad que el trabajo, las circunstancias y las distracciones de la vida, el olvido y el desinterés se confabularon en mí ser e hicieron que no le contactara nuevamente. “Sutano” aparece de nuevo porque se entera que un tío mio está en Madrid pasando unos días y que está en mi casa, se pone en contacto con él directamente, se ven y celebran más de 15 años sin verse, celebran la vida, encontrarse y recordar la juventud, mi tío le actualiza minuciosamente uno a uno de los amigos y familiares de la cuadra donde el vivía, eso sí, eso sí, acompañados de la mejor bebida española, ¡Vino tinto!

Aparezco para buscar a mi tío y saludar a “sutano”, y el famoso refrán “vino veritas” se hizo valer, después de un abrazo y un apretón de mano cargado de una extraña sensación, profirió su reclamo, ¡Maaalucó!, más nunca me llamaste, estoy enojado contigo, ¡Me abandonaste!, yo estoy sólo en esta ciudad, no tengo a nadie, sólo a mi mujer y a mi hija, y sólo te conocía a ti, la he pasado mal, me han pasado cosas, y no he podido decírselas a nadie y no he podido compartírselas a nadie, ni las cosas malas ni las buenas. Yo permanecí en silencio y mi corazón se estaba poniendo como una pasa, y añadió más, te tenía en el Facebook, y te quité porque vi la foto en tu perfil que tenías con el Papa Benedicto y dije; “Este maaaalucoooo que hasta estuvo cerquita de Dios, allí besándole la mano al Papa, ni se acuerda de los que estamos solos pasándola mal”, - y yo no pude decir nada más.

Después de esto me dije: Incurrí en una falta por haber dejado de hacer algo necesario y conveniente, es decir; pequé de omisión. Dr. Dyer existe la omisión, no es convencionalismo, dejar de hacer hiere, dejar de hacer deja vacíos, callar los gestos y palabras que muestren amor es desamor, seremos juzgados también por todo aquello que habiendo podido hacer no hicimos, así lo refleja la parábola de los talentos en Mateo 25.

“¡Siervo perverso y perezoso! Si sabías que cosechaba lo que no sembré y recogía lo que no cultivé, ¿por qué no depositaste mi dinero en el banco? Al menos hubiera podido obtener algún interés de él”.

Primero que nada te pido perdón a ti “sutano” protagonista de este post, ¡Dios me habló contigo!, y a ti fulano y mengano que lees esto, porque no he sabido darme a ti seguramente como esperas de mí. Sé que mi juicio será más severo porque soy consciente de lo mucho que he recibido y no he compartido por estar “cerquita de Dios”.


¡Señor ten piedad de mí!,

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